Se agazapó en el ventrículo derecho de su corazón, callado, tímido y temeroso. Ella le dio el último beso en la frente y esperó. Por si se convertía en rana. Pero el príncipe permaneció inmutable, con los ojos cerrados por si así los demás dejaban de verle.
Ella lo veía aunque no miraba.
Marcaron las diez y él se durmió para siempre en el ventrículo derecho del corazón de ella que entre sus manos seguía palpitando.
5 respuestas hasta el momento ↓
Rafael // Mayo 9, 2008 a 7:51 pm
A él le toca soñar (dormirá por siempre en un sitio caliente y palpitante)
A tí, vivir
Besos!
vertico // Mayo 9, 2008 a 10:40 pm
Que bonito!! el amor es siempr tan misterioso
Saturni_ana // Mayo 10, 2008 a 9:38 am
Al principito le toca apechugar
chema // Mayo 10, 2008 a 3:42 pm
En este mundo de ranas, tampoco está mal que se agazape para siempre en tu corazón un príncipe, aunque ya sólo sea puramente decorativo.
Cuídate, Sandra y muda de casa, de piel, de amor, de universo…pero no mudes nunca de tu imaginación.
Un abracito.
cabaret // Mayo 12, 2008 a 7:34 am
Rafael, y que tú seas testigo de algunas de mis vivencias!
vertico, bienvenido por estos lares. Dejas un enlace para que te visite?
Saturniana hola! cuánto tiempo sin verte. Gracias por pasar y comentar. Besito!
Chema, otro abrazo