Se agazapó en el ventrículo derecho de su corazón, callado, tímido y temeroso. Ella le dio el último beso en la frente y esperó. Por si se convertía en rana. Pero el príncipe permaneció inmutable, con los ojos cerrados por si así los demás dejaban de verle.
Ella lo veía aunque no miraba.
Marcaron las diez y él se durmió para siempre en el ventrículo derecho del corazón de ella que entre sus manos seguía palpitando.
Categories: Días · Opacidades
Etiquetado: amor, él, corazón, ella, olvido, ventrículo
Desmontó sus huesos: primero el húmero, la rótula, las caderas y la clavícula. Por último los hombros y las muñecas. Sus manos quedaron abiertas en el suelo y el corazón entre los dedos todavía palpitando.
Categories: Opacidades
Etiquetado: corazón, huesos
Acerco del vaso de coca-cola y te encuentro dentro.
Me miras desde una burbuja del fondo que empuja a las más grandes en su impetú por subir.
Me miras. Y en el intento de decirme algo te elevas una distancia minúscula y el movimiento te hace girar y ponerte cabeza abajo. Te retuerces hasta volver a tu postura inicial y con cierto gesto abatido intentas hablarme. Lo haces pero no te escucho y a pesar de que acerco mi oído al borde del líquido, sólo puedo apreciar un leve cosquilleo en la oreja que me hace sonreír. De tus palabras nada.
Estás en mis manos.
Tengo el poder de agitar y volcar tu corazón sumergido.
Acaricio con los dedos las gotas que resbalan por el vidrio como si pudiera llegar hasta ti en uno o dos gestos precisos, imaginarios. Perfectos.
Me miras para decirme algo.
Pero yo no te escucho. No te escucho. No puedo escucharte.
Tu burbuja se abre paso entre las demás y logra un ascenso monótono y láguido como tus ojos.
Un cielo de oxígeno te amenaza en la superficie.
El aire que te converirá en un vacio y sutil destello de amor.
El sonido imperceptible de tu muerte.
Categories: Práctica del absurdo
Etiquetado: amor, burbuja, coca-cola, cocacola, líquido, poder, vaso
Cuando menos te lo esperas pasa
Categories: Días
Etiquetado: coincidencias
Me quemo los labios con el té y recuerdo el capítulo de Rayuela que Cortazar regaló al mundo para estremecer la irritante tirantez de los rostros, de los pensamientos y las cabezas cúbicas.
Toco mi boca como en el libro y pienso en otras bocas que podrían seguir estando, sólo por gusto, pero que me vetaron el beso, la voz, el acceso directo a sus irregularidades.
Con los ojos cerrados evoco la tarde de los cocteles en el bohemio café del centro. El calor en el escote, la música de saxo de fondo, las rodillas casi juntas y una proposición entre las bocas. Ahogada en los gemidos no pronunciados.
Después de tanto tiempo todavía me permito no evitar casi mencionarte, exprimir el reloj antes de salir de casa, para que te quedes un poco y te conviertas en el primer motivo de las siete de la mañana.
Categories: Días
Etiquetado: boca, café, cortázar, labios, rayuela, té
El faro del coche se apagó con el último acuerdo de no recordarnos. La madrugada de septiembre de dos mil cinco. Mi cuerpo se deshizo en otras manos más grandes, otros pasos y otra voz. Fue la madrugada de antes, en la que te reconocí en un encuentro ajeno a tus similitudes.
Cuando supe que era a ti a quien elegía.

Categories: Días
Etiquetado: cuerpo, encuentro, madrugada, sexo

Hoy Iván Ferreiro y su espacio denso y desigual.
Hoy una comida entre el gris del cielo. Un gato en el alfeizar suplicando algo. 70 años de ecuaciones de letras y resultados variables.
Hoy abril aguas mil y siete canciones en mi mp3 rescatado. Blanco y roto.
Categories: Días
Tomó el cartón de leche semidesnata de la sección lacteos y sonrió al ver que le habían cambiado el diseño al envase. Las siluetas verdosas anteriores daban paso a la recreación de un parque de árboles rojos, púrpuras y amarillos. Sofisticadas figuras femeninas bebían leche brillante en enormes vasos azucarados y miraban a Susana con su misma expresión interrogante.
La parte posterior del paquete mostraba en delicada caligrafía las recomendaciones para su consumo y en la zona superior derecha en tamaño 5, fuente arial y negrita figuraba el nombre completo de Susana que llamó su atención inmediatamente.
“Susana Boliños Medialdea”
A continuación la fecha del día siguiente y la descripción en formato horario de los acontecimientos que le tocaría vivir a la chica.
Sorprendida, Susana repasó uno por uno el resto de cartones, nerviosa y acalorada, con la esperanza de descubrir si todo el lote registraba su nombre, existía una cámara oculta o le estaba tocando vivir un episodio psicótico. Los cuarenta paquetes de leche semidesnatada marca Saluti de la sección lacteos del mercadona del barrio del marqués de Torrelapiedra de Madrid, provincia de Madrid, país España, eran exactamente iguales a excepción de la esquina superior derecha del reverso que se mantenía limpia y enigmática, ya que sólo se completaba con la información correspondiente al cliente que incorporaba el producto en su cesta de la compra.
Susana no podía creer que el marketing y la publicidad hubiesen traspasado aquellas barreras insospechadas.
Sin embargo, no sabía que le inquietaba más, si el fantástico acontecimiento que acababa de vivir en el super o las predicciones que la leche Saluti le hacía para el día siguiente. ¿Realmente el fontanero que arreglaría su ducha sobre las seis de la tarde iba a convertirse en el hombre de su vida?
Sólo el poder estorético de Saluti podía saberlo…
Categories: Práctica del absurdo
Etiquetado: envase, esoterismo, lacteos, leche, mercadona, predicción, supermercado
Cayó el telón y un silencio contundente invadió la sala. Estaban todos, sin embargo, contándose sin palabras su historia. El miedo que habían pasado entre la lluvia, la nieve de ventidós de febrero y los telediarios que comunicaban sentencias inapelables para los inocentes. Las fechas y latitudes que más empañaban su piel.
La función había terminado pero aquel silencio los ataba a los butacones, volvía rígidos sus huesos, exponía el tejido de sus órganos a las miradas del otro. De cada uno. Del aforo completo del local.
Categories: Opacidades
Etiquetado: condena, función, incertidumbre, muiedo, silencio
Lucas me envía este texto para que lo publique. Aunque no es ex-atramento, también es amante de las letras. Nos conocimos por crónicas minúsculas y desde entonces nos seguimos los pasos. Gracias Lucas por tu envío. Un besito!
Protegiendo con la mano sus ojos del sol, miró hacia arriba y la vió apoyada en la barandilla…
Subió corriendo a la azotea pero ya no estaba. Se había ido, o quizás nunca había estado. La recordaba tomando el sol desnuda, únicamente cubierta con las gafas de sol y una eterna sonrisa. O quizás era un sueño… Al cerrar los ojos saboreaba sus besos agridulces, tristes y amargos, de saludo y despedida. O quizás lo que saboreaba era el regusto extraño del despertar de sus pesadillas.
Se asomó a la barandilla, miró hacia abajo y la vió apoyada en la valla del jardín.
Bajo corriendo pero ha no estaba. Se había ido, o quizás nunca había estado. La recordaba.
Categories: Ellos cuentan
Etiquetado: barandilla, Lucas, recuerdo, sueño